2 Corintios 5:20

“Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios”.

América del Norte junto con el resto del mundo posmoderno está listo para participar en el Avivamiento Apostólico más grande que jamas hemos visto.
Como nación, tenemos acceso en casi todos los grupos de personas en el planeta. La misión global ya no está solamente en el extranjero, sino en TODAS PARTES.
No podemos ir a ninguna parte en nuestras comunidades sin encontrar a nuestra “mujer al pozo”, nuestro “eunuco de etíope”, nuestro “Apolos” o nuestro “evangelista gadareno”.

El Departamento de Seguridad Interna debe preocuparse del los asuntos del Estado, pero las oportunidades de avivamiento son urgentes y son muchas. Somos los representantes de los cielos. Como tal, debemos entender que Dios abrió una puerta de entrada al cielo, y su ubicación congregacional es la entrada a la Embajada de Dios.

Aunque nuestro Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) ha congelado las fronteras del presente “Tierra Prometida”; el fuego de Pentecostés está abriendo una entrada para todos los que desean un camino hacia la ciudadanía. “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo” (Ph. 3:20).

La predicación del Evangelio a cada criatura va más allá del fenómeno lingüístico de Pentecostés. Es nuestro mandato como creyentes llegar a nuestro mundo y aquí mismo esta. Nuestros vecinos, compañeros de trabajo, familiares, amigos, todos necesitan saber sobre la Embajada de Dios. Independientemente de los antecedentes, el primer plano, con documentos o sin documentos, se le ha otorgado una oportunidad de cambio de vida y formar parte de la Nueva Jerusalén.

 Nuestro Rey es Jesús

Nuestro país es la Nueva Jerusalén Nuestro lenguaje es el Amor
Nuestra bandera es la Salvación
Nuestro himno es la Esperanza
Nuestra economía es la Misericordia Nuestra industria es la Unidad del Espíritu Nuestro ejército es el Poder de la Verdad Nuestra cultura es la Santidad de Dios

Ahora es nuestro momento, hagámoslo nuestra mejor hora.

“Y por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio, por el cual soy embajador en cadenas; que con denuedo hable de él, como debo hablar“ Ep 6: 19-20.